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nov 03 2011

Viaje en el Douro (sept. de 2011)

Cuando Arturo, hace unos meses, me habló de la Cofradía Europea de la Vela y de la posibilidad de pertenecer a la misma, me hizo una cierta ilusión como una forma de entretenimiento, y de ocupar parte de mi tiempo de recién jubilado.

Aprovecho para  desmitificar  la imagen del jubilado como persona ociosa, por lo menos en mi entorno. He tenido que preparar una hoja Excel  con mi agenda. Bien es cierto, que nada tiene que ver con el espíritu  que conlleva una agenda profesional, pero horas son  casi las mismas.

Un antiguo compañero de  profesion,  llegó a comentar en una reunión, con la gracia que siempre tuvo: ”no sé de dónde sacaba antes  tiempo para trabajar”

Retomo el tema relacionado con Arturo. Lo conozco hace más de 40 años cuando coincidimos regateando en el Pantano de San Juan. El venía desde Salamanca con Teresa en un “dos caballos”  y yo pertenecía al grupo de afiliados deportivos, que fue la disculpa  que se inventó Miguel Lopez-Dóriga  para los que éramos estudiantes y nadie nos pagaba el mal entendido lujo de navegar, pudiéramos hacer vela. Nunca lo olvidaré y siempre se lo agradeceré.

Sigo retomando el tema de Arturo. Por los nombres que mencionaba, dicho con el máximo cariño, algunas  “viejas glorias”, supe  que conocía a muchos de ellos. Unos de Madrid, otros de Villagarcía , y alguien con quien coincidí profesionalmente en Arabia Saudí en los años 80 y a quien no veía desde entonces.

¿Cómo saber más de la Cofradía? La solución era fácil: Internet

Me fijé en la foto y en la relación de participantes  de la última reunión en Ferrol.

Empecé  a ver caras y nombres conocidos., y también  que se viajaba. Mi ilusión inicial se iba reconfirmando. Por la gente, por los viajes y por el espíritu contenido en sus estatutos.

Al poco tiempo recibí una comunicación diciendo que había un viaje previsto por el rio Duero.

Y me animaban a ir….!!!!!!!!!,   pero si estábamos  deseando  conocerlo ¡!!!!

Se lo dije a Pilar, mi mujer, y le pareció una idea estupenda. Nos apuntamos de inmediato.

…y quien irá? Lo que al principio nos preocupaba fue un  sentimiento  que desapareció en el mismo momento en que nos encontramos en el hall del hotel Fenix  para ir a cenar  todos juntos. El lugar, Club Portuense, no soy capaz de describirlo pues no soy un profesional de la redacción, y caería fácilmente en una descripción rebuscada  al tratar de transmitir la elegancia, la sobriedad, el clasicismo de unos salones  elegantes  acordes con los anfitriones, Antonio Roquette y Sra  , que le pusieron el toque de afecto humano. La cena: inmejorable. Ese primer acercamiento al grupo fue muy fácil, porque nos sentimos totalmente integrados desde el principio por un trato  afable y abierto.

Lo  menos importante era ya, a quien conocíamos. Nos encontramos entre personas, que ninguna nos parecía ajena. Todos hablábamos el mismo idioma, aunque este fuera español  y/o portugués.

Al día siguiente madrugón. A las  8 de la mañana, desatracábamos  y empezamos la subida por el  río. Así empezó una  excursión preciosa, en un entorno  muy peculiar. Impresionante el paso por las exclusas.

….y partir de aquí visitas a bodegas, aprendizaje sobre el vino, su elección, su momento…y a catarlo.

Visitamos  la Quinta do Seixo, bodega origen de  Sandeman. Comida, exquisita y original basada  en los  ingredientes tradicionales ,en el restaurante DOC, en la orilla del rio, y retornamos al hotel.

Pudimos asistir a una muy interesante charla sobre Fernando de Magallahes , originario de la región de Sabrosa ,donde  nos encontrábamos.

El último día , fuimos recibidos en la Quinta do Castro, donde  se nos enseñó todo el proceso  de elaboración del vino,desde  que llega a la bodega hasta que se prepara para su distribución.

La familia Roquette, nos invitó en su casa, anexa a la bodega,  a una magnifica comida.

No solo fue  el menú si no también  el ambiente tan agradable, que de una manera informal , supieron  preparar. El diseño de la Quinta, integrando la casa  y la bodega como parte del paisaje, con su magnífica piscina “desembocando” sobre el rio Duero, son difíciles de olvidar.

Pero todo lo bueno se acaba. Y había que volver. Los responsables y organizadores de la reunión, como una muestra más de su capacidad para hacer lo más confortable posible  los desplazamientos, consiguieron que el tren de regreso a Oporto  parase en un apeadero, cerrado a los usuarios. Se abrió  excepcionalmente  en esta ocasión  para los integrantes de la Cofradía Europea de la Vela. Más no se puede pedir, salvo repetir una vez nuestro agradecimiento por   el tiempo y la dedicación  que prestaron a esta reunión.

Gracias a todo, por  habernos acogido a Pilar y a  mí, así como a otros “novicios” como si nos conociéramos de toda la vida y sobre todo a la familia Roquette por su hospitalidad y una vez más por su afectuosa acogida.

………..nos vemos en Lisboa.

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